sábado, 31 de enero de 2009

Letras para el gran Pop Campeón: Ernesto Lozano Rivero.

Nunca ha nacido del todo. Siempre muestra mil colores y siempre nos los muestra con sencillez, corazón y en su son.Esplendoroso maestro de todos los lienzos, amante de miles de corazones y cuerpos, sudoroso artista venerado. Siempre está en su lugar.Estrella de pasiones y de magníficas postales que acompaña al pueblo marchando por la redención. Hacía décadas que México no tenía un hijo como éste. Ejemplo. Espléndido. Medio loco. Raro. Genial. Surcan en el Cielo millones de bendiciones a tu favor oh gran poeta del pop. Blanquito cubanesco que baila desde temprano en su propio corazón. Gran amigo, gran centinela de la creación. Hoy esta patria de rebeldes y extraños ya hermanos te rendimos tributo, gracias por tu colaboración, por darnos cientos de sueños, cientos de suspiros, cientas de ideas, tanta estimulación. Gracias a ti querido Ernesto por decidirte a ser uno más de nosotros pero mira el sarcasmo de todo ésto, te decidiste a ser uno más y sigues siendo único, distinto, sobresaliente... jamás serás del montón. Festejo con las estrellas y las águilas tu aniversario, que jamás deje la marea de mecer tus ideales y que jamás dejen las montañas de verte con amor. Eres hijo del Anáhuac, exiliado hombre libre más nunca refugiado, nunca odiado, aquí siempre nos tendrás a todos contigo y a tu alrededor. Gracias maestro por tus enseñanzas de amigo, de artista, de gran campeón. Gracias Ernesto Lozano por todo lo que haces, por toda tu compañía, por ser parte de todos; gracias por esta maravillosa época que compartimos contigo y que nos la transformas en dulces suspiros de amor. Gracias maestro creador, dios de millones de formas, dios del altar más sagrado, el del arte. El del arte con color. Que se abran las masas a tu paso, que las musas canten para siempre y que los efebos nunca te falten y nunca te sobren, que las sirenas te cuiden y que los ángeles te amparen, que los dioses del agua te bañen y los dioses del viento te sugieran siempre en el oído cuál es el camino, el sendero más retador, la compañía mñás amable y que tu viaje que compartes siempre sea el mejor. Recibe corona de olivos, hoy apenas unos te aplauden que no son pocos, pero sé querido amigo, admirado maestro, gran autor, que un día el Palacio más bello se rendirá a tus pies, falta quizás POPco. Que el sol te guié, que los continentes te aplaudan, que las naciones te besen, que los amantes te quieran. Que mi ciudad que tanto te quiere te reciba igual que ahora con esta exposición, en homenaje y aclamación. Nunca olvides Ernesto que Córdoba está a tus pies, que es otra casa, que es tu paraíso, tu almohada, tu compañera, tu amiga, tu fan y que te tiene devoción. Feliz 50 aniversario de vida y muchas gracias Ernesto de mi corazón. Gran amigo, gran artista, gran creador.

Manuel García Estrada
Foto Carlos Da Silva

viernes, 30 de enero de 2009

Del Olvido a la Trascendencia, la Obra de Ernesto Lozano en la Galería José María Velasco

Un feliz diálogo con el Arte Pop
Por Rodrígo Mendoza

Distrito Federal, México, 29/01, (N22).-

Tras 20 años de trabajo plasmando la vida social de México, el artista méxico-cubano, Ernesto Lozano, presentará su exposición de pintura "Con P de POP" el primero de febrero en la Galería José María Velasco.


Desde finales de 1980, Lozano integra la vida de los habitantes de la capital mexicana en imágenes cargadas de ideas políticas, presentadas a manera de ironía y con mucho humor, para tratar de suavizar la carga política en sus piezas; de esto habla en exclusiva para N22:
"Como en muchas partes de Latinoamérica existe una situación social bastante preocupante, donde por ejemplo, tenemos discursos extremos como el de la extrema derecha y el de la iglesia católica, al respecto de cómo debe ser una familia, y por otro lado la situación política en la que está inmerso México. Lo vemos con los presos políticos de Atenco, con la situación de las marchas que constantemente azotan la ciudad, donde la gente pide, reclama sus derechos en un mundo globalizado donde también las crisis nos llegan.

"Es indudable que hasta en las pinturas abstractas van a encontrar cargas políticas .El arte está cargado de éstas y el espectador debe verlo desde su libre albedrío. El arte es visto con toda la carga intelectual de uno, sin embargo, cuando llega ya ese proceso en que la obra se cuelga y se enfrenta a un espectador, obviamente se establece un diálogo totalmente diferente al que había concebido el creador; entonces, cuando ese instante llega realmente (el de mayor felicidad para uno), es cuando la obra cumple su objetivo".


La curaduría a cargo del maestro Alfredo Matus, director de la Galería José María Velasco, se basa en la parte homológica de la obra de Lozano con la exposición de retratos de personas comunes y corrientes, desde la hija de un tlapalero o un banquero. Una antología de lo más significativo en la Historia de México vista desde 1989, expreso el autor.

A raíz de la decadencia del arte pop con la muerte de Andy Warhol, a finales de 1980, Ernesto Lozano comenzó su viaje por esta corriente artística. No fue hasta principios del año 2000, en que el arte pop resurge y da a Lozano la pauta para continuar pintando imágenes con la influencia de Warhol.


"A mi me agarró en pleno trabajo, yo venía trabajando en esta corriente estética desde finales de 1980. Lo que hice fue continuar con mi discurso creativo. Prácticamente en mi obra incluyo mucho el contexto de lo que me rodea en México, buscar las cosas intrascendentes que tienes a la vuelta de la esquina, para llevarlo a la magnificencia de un momento determinado y darle oportunidad de esos 15 minutos de fama a esos personajes anónimos de los que Warhol hablaba".


"Con P de POP" en Peralvillo, como sugiere el artista Pop, es una muestra de fácil lectura que recurre a veces a la repetición de las imágenes, donde el público se va a sentar frente a una obra fresca, colorida con la que podrán dialogar, de fácil comprensión y lectura "como en el caso de las obra "Che Corazón" o "Mauricio Garcés, la Mirada Pop" en que repito las imágenes, porque quedan en la retina del público".



Por otra parte el artista mexico-cubano espera romper con las ataduras convencionales que impiden al público visitar y ver cualquier expresión artística, lo cual debe combatirse con la educación: "Educar al público desde sus inicios, desde sus primeros días escolares, una labor fundamental que deben hacer los maestros y las familia; indudablemente donde se les induzca a los críos ese amor y comprensión al arte, porque es parte de nuestras vidas, es parte de los que nos rodea y lo que nos vamos a encontrar en cualquier parte".


"Con P de POP" se inaugura el primero de febrero a las 12 del día, en la Galería José María Velasco ubicada en Peralvillo 55, colonia Morelos y se exhibirá hasta el 1 de marzo de martes a domingo de 10 de la mañana a 5 de la tarde.


Entrada libre.
09/MAG

domingo, 25 de enero de 2009

Xenofobia...un mal en México

Señor Juan Mauricio Toussaint Ribot
Embajador de México en Portugal.

Señor Francisco Javier Olavarría Patiño
Jefe de Cancillería.

Señora Cecilia García-Peña Silveyra
Encargada de Asuntos Culturales.

Durante el mes de Diciembre del año 2006, un servidor, Ernesto Lozano Rivero, Artista Plástico Mexicano, expuso en la Galería de la Casa de América Latina en Portugal, la muestra "...de Sonora....El Desierto". Veinte obras que reflejan la vida, costumbres y paisajes de este hermoso Estado, todas en mi lenguaje estético, el Pop Art.

En ese momento, a petición de Casa de América Latina, se solicitó permiso para incluir en el boletín y la invitación de la muestra, el escudo de mi pais, México, tal como se venía haciendo regularmente en todos los impresos donde aparecen ciudadanos mexicanos invitados por esta prestigiosa institución. (tengo varios ejemplares que muestran lo citado)

Sorprendido ante la negativa del Embajador y la Encargada de Asuntos Culturales, en ese momento, me personé en la Embajada y el Ministro me explicó, que como yo había nacido en Cuba, habían decidido que buscara yo, que se incluyera el escudo cubano, porque ellos no autorizaban la publicación del mexicano en los impresos.

Ante actitudes de clara y explícita manifestación de xenofobia y violación de mis derechos como ciudadano mexicano, protesté ante el citado ministro lo que provocó que además se me negara la oportunidad de, como se hacía regularmente también, enviar las invitaciones a la comunidad mexicana residente en Portugal, utilizando la base de datos a través de sus oficinas y la ausencia el dia de la inauguración de mis conciudadanos y la de algun funcionario de mi embajada.






La solidaridad latinoamericana se hizo presente, esa dia me acompañaron el Embajador de Argentina y el Agregado Cultural de la República Oriental del Uruguay en Portugal, ante la ausencia de funcionarios de mi embajada, los portugueses y ellos hicieron que me sintiera arropado.

El Tiempo y el viento,

Ha transcurrido el tiempo, dos años, ahora cumplo 50º años de vida.


Bellas Artes (INBA), el Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes (CONACULTA) y la prestigiosa Galería José María Velasco, con más de 60 años contribuyendo a enriquecer la cultura en México, me organizan una exposición antológica, "Con P de Pop", donde por supuesto, como mexicano que soy, si se incluye nuestro símbolo nacional.


Quede esto como una enseñanza necesaria para funcionarios públicos inéptos que además son pagados con dinero de nuestros impuestos.

Ojalá y aprendan la lección y no sea con actitudes como esta, dificil, como ven, de olvidar, que traten a los verdaderos embajadores de México, a los que no somos noticia por narcotráfico o por los crimenes de cada dia.

Ernesto Lozano
Artista Plástico


Fotos Carlos Da Silva

jueves, 1 de enero de 2009

Ernesto y sus sueños.

Apenas era un adolescente de diez años cuando sintió en sus manos la calidez del barro. Una mañana de verano, sin decirle a nadie sus intenciones fue a un taller de Artes Plásticas. Allí modeló imágenes salidas de sus sueños.

Tal vez el colibrí para otros no fuera un colibrí pero él lo vio volar, remontarse hasta el cielo y perderse entre las nubes, igual pasó con el dragón, cuando ya casi estaba terminado dio un salto y no supo en donde se escondió. Un día Ernesto llegó feliz a su casa traía dentro de la bolsa que cargaba en la espalda unas cuantas figuras de barro. Su madre lo esperaba impaciente, lo abrazó y llevó hasta su cuarto, allí sobre su cama vio unos trajes para niños militares, se asustó de manera horrible ante aquellas ropas. La Escuela Militar Camilo Cienfuegos sería el sitio en donde continuaría los estudios. Atrás quedaban los sueños, pero no lloraría por los rincones, él era un hombre y aguantaría la imposición, Ernesto tuvo que acostumbrarse a los métodos de enseñanzas de la nueva escuela, no tenía tiempo para leer libros de arte. La vida militar era rígida, agobiante..


Una vez al mes tenía permiso para visitar a la familia, que lo recibía con los mejores halagos. Cuando estaba a solas en su cuarto, comenzaba a bocetar sobre las hojas de sus libretas de estudiante algunas ideas que durante días había acariciado- este era su secreto.
Un día de permiso se fue a caminar por la ciudad, y decidió visitar a un amigo de la primaria que también sentía inclinación por las Artes Plásticas. Al lado de su amigo pasó las horas sin sentirlas: buena música, agradable conversación, además bebieron unas cuantas tazas de te negro. Su amigo lo puso al tanto de todos los pormenores ocurridos en la ciudad, el último chisme trivial, la conversación intelectual que había tenido con el escritor de moda que lo había visitado. Ya se disponía a irse cuando llegó un joven: hermoso, alto, delgado, nariz fina, ojos verdes, pelo pintado de verde cenizo, ropa demasiado moderna. Entonces el joven con mucho desenvolviendo se le acercó, hizo un gesto con la cabeza y le dijo que se llamaba Raúl. Ernesto le respondió: yo soy Ernesto. La presencia de Raúl lo atormentó y con mucha elegancia abandonó la casa de su amigo.
Regresó a la Escuela Militar con un propósito, aplicar sus conocimientos de pintura en la primera oportunidad que se le presentara. Un día comenzó a pintar todas las propagandas de la escuela, ponía mucho entusiasmo en ello y recibió felicitaciones de la dirección . Ganó un permiso por su buen rendimiento escolar, y tuvo la oportunidad de visitar a su amigo intelectual, de nuevo se encontró al joven que conociera en la visita anterior,... este al verlo lo saludó con entusiasmo. Pasó una tarde alegre al lado de su amigo y el joven extravagante. Tuvo una conversación más precisa con el joven bonito, supo que era pintor y quedaron en encontrarse al otro día en el parque central de la ciudad... frente al reloj.

La vida militar le había aportado cosas buenas: disciplina, voluntad, y Ernesto fue puntual a la cita. Pasaron varios minutos y Raúl no llegaba, ya comenzaba a desesperarse cuando lo vio venir hacia el con pasos lentos y cabeza erguida... sonrió, se hizo el tonto como si acabara de llegar. El reloj anunció varios cambios de horas y ellos no las percibieron. Hablaron de muchas cosas: música, pintura, y hasta de la tardía llegada de los víveres a la bodega. Se despidieron muy tarde, cuando ya la noche caía sobre la ciudad.
Ernesto volvió a la beca entusiasmado, con una sonrisa de oreja a oreja, recordaba a Raúl con alegría, presentía que una atractiva amistad le aguardaba. Dedicó entusiasmo a todas las tareas que le orientaban los profesores, y tuvo el resultado esperado, un permiso por tres días.
Sin mucho pensarlo fue a la casa del amigo extravagante, “así le decía desde su intimidad”. Este al verlo se asustó porque no contaba con su visita, pero le sonrió y lo abrazó con fuerza. Después de contarse algunas cosas ocurridas durante los días que no se vieron, decidieron dar una vuelta por el centro de la ciudad. Raúl estaba más loco que nunca, vestía de verde, una combinación de camisa y jeans, los bolsillos del jeans los había adornado con galones dorados, era tan llamativa su apariencia que todas las personas que pasaban a su lado lo miraban, Ernesto sintió un poco de miedo, porque el traía puesta la ropa militar. La escuela era rígida y si alguno de sus compañeros lo veía, podía costarle una fuerte amonestación de la dirección de la escuela, pero no tenia fuerzas para decirle a Raúl que era muy extravagante con su modo de vestir
Raúl lo llevó a visitar el Bar Azul, que aún queda dentro del Motel “El Bosque”, a pocos kilómetros de la ciudad. Raúl con mucha desenvoltura pidió al camarero dos vasos con ginebra, Ernesto bebió lentamente, Rubén se bebió rápido la ginebra y pidió más. El corazón de Ernesto no latía, se había detenido, temía morir de un momento a otro. Raúl hablaba con fuertes conocimientos sobre la música que oían, jazz. Era fanático a esta música, tal parecía que bebía al compás de ella. Ernesto supo en ese momento que le sería imposible borrar de su vida aquella tarde,... se dejó llevar por el momento.
Ernesto regresó a su beca sin volver a ver al loco pintor, tuvo muchos deseos de llamarlo por teléfono pero estimó prudente no hacerlo, se trazó una meta, la de nunca volver a ver a Raúl.
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Pero pensamos una cosa y sucede otra. El nuevo permiso lo utilizó para ir a la playa. Fue muy temprano en busca del mar azul. Ya frente al mar respiró fuerte, profundo, llenando sus pulmones de aire. Nadó durante toda la mañana y la tarde, cansado se tiró en la arena cerca del mar, se quedó dormido. Cuando despertó ya era de noche, se disponía a irse a la casa, cuando sintió una voz conocida. Llevó las manos a los ojos, se los estrujó con fuerza, a pocos pasos vio a Raúl . Se puso en pie y Raúl lo descubrió. Raúl se acercó y le preguntó que hacía allí, Ernesto le respondió que disfrutando el mar. Rubén lo tomó por las manos, Ernesto no hizo resistencia y siguió al amigo al otro extremo de la playa. Allí Raúl le dijo, que mirara hacia el horizonte. Ernesto se deslumbró ante el maravilloso espectáculo que le regalaba la naturaleza, a lo lejos en la distancia que une al cielo y al mar apenas había una suave línea azul, y sobre ella el espectro solar, se sintió conmovido y le dijo al amigo que cosas así, sencillas y profundas llenaban su alma de amor. Raúl entonces le respondió que sabía de su ternura para valorar estas cosas, porque si no, nunca lo hubiera admitido como amigo. Se echaron sobre la arena , la noche cayó. Despertaron al contacto de los rayos solares sobre la piel, se pusieron de pie, se sacudieron la arena y las hojas de mangles secas que tenían sobre el cuerpo, rieron muy fuerte, se agarraron de las manos, y se metieron al mar.
Ernesto hacía tiempo que no tenia noticias de la ciudad, con calma y disciplina aguardó el momento de sus vacaciones.
Una tarde de verano llegó el momento deseado, lo primero que hizo fue ir a la casa de Raúl. Pero no fue Raúl quien abrió la puerta, ante el apareció la madre de su amigo muy triste, Ernesto se sobresaltó, después de saludarlo la señora le dijo, que su hijo se había ido a Miami.
Raúl no se había salvado del marasmo de la emigración. Ernesto corrió hacia el parque y se sentó en el banco que queda frente al reloj, sentía que algo se rompía, que algo fuerte lo golpeaba, ya la tarde no le parecía alegre, al contrario la desesperación había caído sobre él.
Se entregó a los estudios, hasta que llegó el día de su graduación. Lo aguardaban : la casa, sus padres, la hermana, nuevos momentos, nuevos amigos.
Conoció a un muchacho opuesto a Raúl, de origen campesino que había llegado a la ciudad con deseos de introducirse en la vida intelectual, pensaba Ernesto que después de conocer a Raúl era imposible que aquel torpe muchacho le pudiera ofrecer momentos, capaces de borrar la magia que había conocido al lado de su loco amigo, pero olvidarlo era su meta. Y se refugió en la amistad de Renato, Renato lo llevó al campo, a la casa de sus padres. Estos lo acogieron con mucho amor. La casa era bonita: las paredes de madera, techo de tejas rojas, piso también de madera. La madre de Renato arregló un cuarto para que compartiera con su hijo. Renato lo llevó a pasear por las tierras sembradas de girasoles, recogía algunos y se los daba con una sonrisa, Ernesto se sentía feliz. Renato no dejaba de sonreír, dio un suave empujón a Ernesto que lo tiró a la tierra mojada, luego se dejó caer a su lado, los girasoles se esparcieron en el aire. Ernesto acarició el pelo de Renato: revuelto, rubio, con un mechón blanco que le caía en la frente. Un Sinsonte dejó escuchar su canto.
La Habana fue otra situación para Ernesto, a ella había llegado con planes de adquirir conocimientos sobre diseño. Tuvo la oportunidad de trabajar en un Taller de Diseños. Allí conoció a un diseñador profesional, y mas tarde compartirían momentos importantes, juntos emprendieron el camino a México. México se abrió ante los amigos, México y los sueños que acariciaban. Ernesto después de pasar la crisis de la nostalgia se dio a la tarea de estudiar y pintar, porque él debía lograr sus deseos, hacer una buena obra pictórica.
Andy Warhol le sirvió de referencia, su punto de partida tuvo mucho que ver con la obra de este artista plástico, pero sabía que algo faltaba, que no acababa de llenar sus aspiraciones como artista.
Ernesto viajó a Francia y frente al Centre Pompidou, el Museo Nacional de Arte Moderno, tuvo la oportunidad de conocer la obra de la pintora belga Evelyne Alxell (1935-1972), en Le Centre Wallonie-Bruxeelles à Paris, sus pinturas lo motivaron a continuar. A Axell la llamaban "L´ Amazone Du Pop Art". Se deslumbró ante los cuadros de esta artista, -también lloró. Había encontrado lo que buscaba de niño cuando vivía en la pequeña ciudad en Cuba. La fuerza de la pintura de Alxell fue el brebaje mágico que necesitaba.
Las pinturas de Ernesto están nutridas por las experiencias adquiridas en estudios realizados a pintores POS MODERNISTAS, pero Ernesto le imprime su sello personal, el sello personal de sus vivencias, de su nostalgia por La Isla que navega en medio del Caribe- Cuba.
Ernesto aún espera con las manos abiertas que regrese a sus manos el Dragón que un día saltó y se escondió, no se sabe donde.

Gioconda Carralero Dominicis.
escritora cubana residente en México .

Memorias


Recuerdo a Ernesto Lozano, adolescente aún y siendo alumno de la escuela militar Camilo Cienfuegos, conocida en Cuba como “Los Camilitos” sin embargo, su presencia en los espacios de la ciudad, destinados a fomentar la cultura nos hablaba de un estudiante con notable capacidad histriónica. Holguín, en aquel momento vino a ser la plaza que compartíamos fuera de los límites de la Escuela de Arte, la Biblioteca Municipal, El Taller Literario, el Instituto del Libro y el Museo de la Ciudad, este último un centro en el cual me tocó trabajar por muchos años y a donde Ernesto se apareció una tarde con su cámara Zenith de fabricación rusa, para fotografiar unos cuadros de gran formato que yo había realizado fuera de la jornada laboral. En aquel salón, contiguo al edificio, que me permitían usar como taller, vi a Ernesto manejar con destreza la fotografía, un arte, en aquel momento, limitado por los reducidos recursos de la Isla.


Si bién no tenía referencia alguna de que el joven Ernesto proviniera de una Escuela de Pintura, descubrí más tarde que era un testigo presencial de las más atrevidas acciones en la plástica holguinera, ya a finales de la década de los 70: Me refiero las manifestaciones artísticas proyectadas con audacia por esta generación: eventos literarios, reuniones para escuchar música Pop, y en el ámbito de la plástica, revelado por la creación de objetos de colores con gran luminosidad, en el caso de las pinturas de Raúl Garcés. Pienso que este entorno, saturado de inquietudes juveniles y contradicciones estéticas, vienen a ser en gran medida, claves escenciales que han motivado la evolución de su práctica artística posterior.

Ernesto Lozano nos revela un punto de partida visible, ya en la década de los ochenta vinculado al oficio y el buen manejo de los elementos plásticos aplicados al diseño y a la ambientación, que en este caso, se convierte en un recorrido favorable, tratándose de un autodidacta disciplinado con una fuerte carga expresiva.

Sin duda Lozano pertenece a una generación de transito dentro del panorama visual insular porque no es ajeno a la tendencia generalizada en la década de los noventa, expresando sus inquietudes mediante una explícita crítica social relacionada con el proceso político en la Isla. Como es el tema del exilio y los balseros y el caso de la disidencia de Alina Fernández, la hija incómoda de Fidel Castro.

Pero su obra no se libera del objeto. Lejos de perder terreno en el ámbito de lo reconocible, configura un sistema para la comunicación inmediata, selecciona los elementos, como lo hace el lente de una cámara, agregando valores expresivos. Siente el júbilo de las versiones, las mutaciones de planos enfocados por yuxtaposición o por analogías subyacentes, todas en torno al icono elegido.


Ernesto Lozano, presupone una dependencia representativa con respecto a las iconografías, conocidas o traídas de la vivencia personal a través de su cámara. El quisiera atrapar como en la fotografía los momentos escenciales. Sustenta una férrea apoyatura en la narración, propia de los diseños de marketing pero con una metodología funcional y de factura que lo magnifica en tanto utiliza soportes tradicionales de la pintura de caballete.


Si recorremos la ya basta exposición que parte desde México y se instala en Francia, los Estados Unidos, mas tarde en la Bienal de Florencia, y a últimas fechas en Portugal, descubrimos que la pintura de Lozano es transgresora y a ratos apologética a la hora de manipular una imagen, libre de compromisos ideológicos o religiosos nos muestra un retrato de el Che Guevara convertido en un Sagrado Corazón, el rostro de la Madre Teresa de Calcuta, bañada por velos monocromáticos a la manera de las Marylin de Warhol, San Sebastián como símbolo del martirio es también un paradigma de la sexualidad gay. Varios exponentes del arte popular mexicano son magnificados por nuevas iluminaciones que nos hablan de un artista que ha tenido la capacidad de asombro frente al esplendor de las culturas mesoamericanas, de su vida en México, donde ésta huella gigantesca tiene la particularidad de que no solamente se ve tras los aparadores de los museos, sino que esta viva y andando y ella misma viéndose.

Entonces estamos hablando de un artista que a expandido su mirada con profundidad hacia pasadas tendencias sin ignorar su entorno, las confrontaciones contemporáneas. Asimila y descarta. Evoluciona. Busca nuevas estrategias que lo conducen a la autenticidad. De este proceso emergen particularidades que median una sana distancia con la obra de Warhol, o de Evelyne Axell. Afortunadamente los contactos se dan por esa manera de abordar la imagen, que inserta para enriquecer con ingredientes aislados a los que imprime una factura personal y disciplinada. Nos entrega su propia visión del Arte-Pop dentro de un entorno socio-cultural donde la posmodernidad permite la reconciliación con todas las tendencias de las artes visuales. Esperamos la expansión futura de la obra de Lozano, jubilosa y vital dentro y fuera del objeto, abarcando dimensiones desprejuiciadas, porque Ernesto es así, un artista cuyas acciones han proporcionado un espacio contextual legitimizador que confiere a su obra un contenido que emana de sus actitudes armónicas tanto en lo público como en lo privado.



Armando Gómez Peña 1941. Artista plástico, estudió museología y restauración de obras de arte. Ha realizado curaduría de varias exposiciones en Cuba y el extranjero.

Cuba Cuba




Puedes encadenar mis manos/ puedes engrillar mis pies/ puedes incluso lanzarme al fondo de un calabozo oscuro/ pero no podrás esclavizar mi pensamiento/porque mi pensamiento es libre/

Parece inevitable recordar este viejo poema de Khalil Gibran después de ver la obra del pintor cubano Ernesto Lozano dedicada a un tema que consume buena parte de su inspiración como artista y muchas de sus energías como patriota empecinado en ver, algún día, una Cuba con ciudadanos libres.

Es la búsqueda de la libertad, sin duda alguna, el hilo conductor en la vida de Ernesto Lozano: la libertad de haber escogido vivir fuera de Cuba y de expresarse sobre Cuba no sólo deteniéndose a observar su realidad y a comunicarla, sino también traduciéndola y convirtiéndola en un instrumento para hacer pensar y para ayudar a intentar, al menos, ser mejor cada día.


Esa sensación nos embarga al admirar “Había una vez… una isla”, esta exposición felizmente organizada por la fundación alemana Konrad Adenauer, cuyos desvelos por una Cuba democrática son legendarios y son, también, una honrosa excepción en dubitativa postura de casi toda Europa sobre lo que sucede en Cuba.



Diáfanas, sin trucos pictóricos, ni amarres esquemáticos: estas son las cualidades primeras de las obras reunidas aquí. Y es justamente ello lo que propicia el alcance de la capacidad de Ernesto para mirar el entorno cubano con ojos bien abiertos y sondear las modulaciones del tiempo para plasmarlo luego en pinceladas limpias, transmitiendo así un discurso honesto y sincero.

En “Había una vez…” la sensación de mensaje es inherente porque, por encima de consideraciones estéticas o de resultados comerciales, Ernesto Lozano es un intelectual comprometido. Su trabajo tiene una intención militante por una causa, de confrontación de ideas, de querer cambiar las cosas.

De esa suerte, esta muestra es una denuncia absoluta contra el comunismo cubano, un sistema de gobierno que a lo largo de medio siglo enganchó a Cuba en todas las calamidades políticas, que ató a los cubanos a un universo de promesas sin fin, que sumió a cinco generaciones de personas en el estruendo apocalíptico de la fanfarria, que fragmentó a millones de familias en la sinrazón de una diáspora desesperada.

“El cuento de nunca acabar”, que es el apellido de “Cuba a flote, a flote y a flote”, el nombre de la obra más lograda y reciente de Ernesto sobre el tema cubano.

Es importante señalar que Cuba es la vida de Ernesto Lozano, pero Cuba no es toda la vida de Ernesto Lozano, un pintor pop con una obra diversa, en la que figuran lo mismo cafeteras, que paisajes de Sonora, secuencias sobre la Revolución Mexicana o un conjunto de retratos que captan desde Santino, su amigo de seis años, hasta Tongolele, Andy Warhol o el líder de la disidencia cubana Osvaldo Payá.

Es por eso que “Había una vez…” resulta una joya rara en la extensa obra de Ernesto, porque, siendo un pintor pop por antonomasia, expone aquí únicamente una obra pop, que es la singular “Balseros pop el Mar de las Antillas”, y porque abarca lo más representativo de su “etapa cubana”.

Y es curioso hablar de la “etapa cubana” de un cubano tan cubano, pues nació en Holguín, donde Cristóbal Colón descubrió Cuba el domingo 28 de octubre de 1492, y donde lo único que se sabe de su primera impresión es a través de la pluma del padre Las Casas. “Nunca cosa tan hermosa vido”.

Pero la Cuba de “Había una vez” no es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron, ni tiene las playas más lindas, ni las tierras más fértiles, ni las vacas que más leche dan, ni las bailarinas más notables, ni los boxeadores más duros, ni los peloteros mejores, ni los médicos más capaces, ni la mejor música del mundo.

Es la Cuba de los perdedores vestidos por el enemigo, mantenida por una emigración despreciada por el gobierno, la de millones de personas que rumian rezos de furia, de fracaso y de tristeza porque ven pasar sus vidas sin sentirse útiles ni conocer cuáles son sus talentos, después de haber sido destinadas a estudiar la profesión que necesitaba el sistema y no la que ellas querían.

La Cuba de Ernesto es una patria que parte. Que nunca se queda. Que se dispara, en estampida. Una Cuba que duele.

Es también la isla de un cubano decente; de un hombre que demuestra en cada gesto que solidaridad no es regalar lo le sobra, sino compartir lo que tiene. Un tipo entrañable, que cuida amorosamente de tu hijo si estás ocupado y no puedes hacerlo tú mismo, un cómplice que sufre con tus derrotas y vibra con tus éxitos. Un amigo de verdad, de esos que nunca piden nada y siempre dan.


¿Pero, qué son, finalmente, estos 10 cuadros, además de constituir una búsqueda incesante de las formas, un manejo plástico diferente, un encuentro constante con la belleza?

Son, en definitiva, una obra aguerridamente militante y un cuestionamiento de la situación en que se encuentra Cuba como país.

¿Quiénes son los cubanos, qué han logrado, de dónde vienen, hacia dónde van. Y, si son o han logrado algo, vienen de algún lugar o van hacia otro, esto quiere decir que ¿se encuentran en el inicio de sus sueños como nación, o al final de sus objetivos como sociedad?

Pero “Había una vez” no sólo pregunta, sino que responde, amparado en la belleza plena y gozosa de obras como “Atrapados sin salida”, “La isla de los milagros” o “De frente y luchando”.

La respuesta es que Cuba es hoy una isla desdichada, abandonada a su suerte y habitada por una estirpe laboriosa, pero prisionera de un mar que empieza y termina siendo “la maldita circunstancia del agua por todas partes”.

Uno ve aquí la perfección plástica de “Por el mar de las antillas”, con el barquito de sus canciones infantiles extraviado en un mar de sufrimientos, y no le queda más que apenarse por el destino de Cuba, de sentir pesadumbre porque, después de 500 años, la isla siga en la soledad de siempre y con la misma mala suerte.

Que de poco haya valido ser la perla de la corona de tres imperios seguidos: España, Estados Unidos y la Unión Soviética, haber hecho cuatro revoluciones radicales y sangrientas en los últimos 150 años, cuando decenas de países no han hecho ninguna; o ganar guerras a 10 mil kilómetros de sus costas.

Que, después de tanto, los cubanos no sean dueños de su destino, que su futuro se disuelva en crepúsculos de discursos y mesas redondas, que no les esté permitido entrar y salir libremente de su patria, que puedan ir a la cárcel por decir lo que piensan o deban vivir en suelo extraño para tener la posibilidad de un coche, de comer carne de res y tomar cerveza, sin que signifique un lujo.

Todo esto lo gritan, a pincel partido, estas islas de periódicos, estos remos prestos a palear las aguas del Estrecho de la Florida y del Golfo de México, estos ángeles inocentes que descorren un velo de cerrazón, estas anclas rusas que insisten en afincarse en el fondo del Mar Caribe.

Pero, la verdad es que expresan mucho más que desazones. Porque en esos azules y rojos amorosamente pintados por nuestro querido Ernesto Lozano afloran y se atisban una Cuba nueva y unos cubanos diferentes, con esperanzas y unas ansias irrefrenables de vivir, unos deseos galopantes de empezar de nuevo.

Unos azules y unos rojos que, advertidos en toda su luz, provocan que, solo en tu casa, tararees una canción, riegues las plantas o le eches comida a los gorriones, que friegues los platos del desayuno, que salgas corriendo para coger el Metrobús o te enjuagues la boca con colonia antes

de ir al cine con una muchacha.

Porque todo eso quiere decir que te has vuelto a enamorar, que a pesar de los pesares estás vivo y que alguien ha llamado a tu puerta y va a lavarte las heridas, a darte de beber su saliva, a mirarse en tus ojos.

Eso es “Había una vez…una isla”: unos periódicos convertidos en patria, unos remos que avanzan hacia la libertad, unos barcos que navegan al futuro, unos mares revueltos que nos hacen pensar que hay una Cuba posible, una Cuba que espera, una Cuba que aspira.





Que es una isla única. Y que no se deshace en la memoria.

Rubén Cortés; México, DF, 20 de noviembre de 2008






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